La última entrega de estos mensajes pastorales estuvo dedicada en su totalidad a tratar de manera resumida ocho de las más grandes controversias que se presentaron en la iglesia durante los primeros cuatro siglos. Estas controversias fueron las siguientes: Judaísmo, gnosticismo, paganismo monarquianismo, patripasianismo, sabelianismo, arrianismo y macedonianismo. Hombres fieles a Dios y a la ortodoxia cristiana se mantuvieron defendiendo los principios de la fe cristiana durante estos cinco siglos; estos apologistas hicieron posible la creación de credos ampliados que coadyuvaron a la ampliación de la teología histórica que se fue elaborando a través de la historia de la iglesia cristiana. Los defensores de la fe cristiana tan solo trataban de mantener lo que habían aprendido de los apostoles y sus discípulos.

Entre los credos elaborados por los apologistas, se destaca el conocido Credo Niceno de la autoría de Atanasio, joven diácono de Alejandría y sus seguidores durante el concilio de Nicea en el año 325 d.C., que dice de la siguiente manera: “Creemos en un Dios, Padre, Omnipotente, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles; y en Jesucristo, el Hijo de Dios, engendrado del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios, Dios mismo, engendrado, no hecho, que es de la misma sustancia que el Padre; por el cual fueron hechas todas las cosas tanto en el cielo como en la tierra; que para nosotros, hombres, y para nuestra salvación, descendió y se encarnó y se hizo hombre; padeció y al tercer día resucito; ascendió al cielo, y vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo. Pero los que dicen “Era cuando no era” y “Antes que fuera engendrado no era”, y que “Fue hecho de la nada” y los que dicen que el Hijo de Dios es de otra “sustancia” o “esencia” o “que el Hijo de Dios es creado” o “mudable” o “alterable” son anatematizados por la iglesia”.

Las controversias dentro del seno de la iglesia continuaron durante el siglo quinto cuando surgieron la Agustiniana y la Pelagiana, pasando de esta manera los problemas eclesiásticos del oriente al occidente. Agustín de Hipona que antes fue maniqueo y más tarde se unió al platonismo, y finalmente, influenciado por las predicas de Ambrosio se convirtió al cristianismo en la ciudad de Milán, el cual defendía en su teología: La gracia irresistible, la predestinación y el pecado original, mientras Pelagio mantenía que el hombre goza de ser dotado por su creador de razón y libre albedrío. Agustín decía que la voluntad ha de ser buena o mala, y su contrarío sostenía que la voluntad era la facultad natural de elección. Durante los siglos quinto al séptimo se presentaron las siguientes controversias cristológicas: Apolinaria, Nestoriana, Eutoquiana, Monofisita y Monotelita.

 

 

 

 

El Conocimiento Teológico / Parte 3