Mes de la Reforma Protestante – III

Mes de la Reforma Protestante – III

La iglesia fundada por Cristo e inaugurada por el Espíritu Santo el día de pentecostés, comenzó a perder su esencia desde el segundo siglo cuando comenzó a llamarse Católica o Universal, asumiendo el presbítero Tertuliano la paternidad de su teología. Desde los inicios del siglo cuarto la iglesia dejó de ser perseguida por los Emperadores romanos y a partir del ascenso al trono imperial de Constantino se unió al Estado, por lo cual no era extraño que una alta autoridad eclesiástica también funcionara como una autoridad pública.

La iglesia continuó perdiendo su fundamento de una manera acelerada, por lo cual comenzaron a celebrarse “concilios”, con la finalidad de buscar un punto de consenso doctrinal y teológico. Entre esos concilios se encuentra el celebrado en Nicea en el año 325 donde asistió el Emperador Constantino; el obispo Eusebio, de Cesarea; Atanasio, un joven diacono de la iglesia de Alejandría; y Arrio, un presbítero de Alejandría, formado en Antioquia, el cual mantenía la herejía de que Cristo era un ser creado menor que Dios, aunque más grande que el hombre. El primero en presentar su credo fue el hereje Arrio, siendo rechazado enseguida; el obispo Eusebio presentó su credo, pero también fue rechazado por ambiguo; el último en presentar su credo fue el diácono Atanasio, el cual fue aceptado por todos los ortodoxos, a la vez que condenaron a los Arrianos. Esta y otras controversias continuaron demandando una reforma a lo interno de la iglesia.

El Credo de Atanasio, el cual tomó el nombre de “Credo Niceno”, es el siguiente: “Creemos en un Dios, Padre, Omnipotente, hacedor de todas las cosas visibles e invisibles; y en Jesucristo, el Hijo de Dios, engendrado del Padre, Unigénito, esto es, de la sustancia del Padre, Dios de Dios, luz de luz, verdadero Dios, Dios mismo, engendrado, no hecho, que es de la misma sustancia que del Padre; por el cual fueron creadas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra; que para nosotros, hombre, y para nuestra salvación, descendió y se encarnó y se hizo hombre; padeció y al tercer día resucitó; ascendió al cielo, y vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Y en el Espíritu Santo; pero los que dicen Era cuando no era” y “antes que fuera engendrado no era”, y que “fue hecho de la nada”, y los que dicen que el Hijo de Dios es de otra “sustancia y esencia”, o que “el Hijo de Dios es creado” o “mudable” o “alterable”, son anatematizados por la iglesia”.

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Pastor y fundador de la Iglesia de las Asambleas de Dios Templo el Calvario, Santo Domingo, Rep. Dom.

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