Un templo hecho con manos generosas

Un templo hecho con manos generosas
AUTOR:LUIS ALBERTO DÍAZ

Antes que templo la palabra tabernáculo es la que mejor describe en la Biblia el lugar sagrado, símbolo de la presencia de Dios. Viene del término latino templum que derivó al significado de un edificio donde se practicaban servicios religiosos.

Dios instruyó a Moisés construir un tabernáculo “conforme al modelo que te ha sido mostrado” (Éxodo 25:40). La palabra viene del hebreo mishkán o morada que fue una tienda móvil, un santuario itinerante o Tienda del Encuentro. A pesar de su apariencia, el tabernáculo fue dotado de una exuberante decoración con sus diferentes partes, cortinas, utensilios, luces, piedras preciosas, oro, plata, maderas preciosas, pieles, etc.

Más adelante, la Biblia explica que a David no se le permitió construir templo a Jehová, sino a su hijo y sucesor Salomón con un parecido conceptual al tabernáculo, pero con una extraordinaria decoración que llegó a ser considerado como una de las siete maravillas del mundo antiguo. Una somera lectura en el libro de los Reyes brinda una refrescante descripción de los materiales utilizados como cedro, ciprés, olivo, oro para construir sus secciones y utensilios.
Otros templos mencionados en la Biblia fueron el edificado tras el exilio babilónico por Zorobabel y el de Herodes, el más grande y lujoso, pero construido para ganarse la aprobación del pueblo.

Después de la colocación de sus cimientos, Salomón tardó siete años para terminarlo. Este Templo El Calvario tomó unos 9 años y hoy todo el que pasa por esta avenida se asombra de su hermosura.

Un templo es un edificio, una casa, hecho de manos, como cualquier otra estructura física que se levanta imponente que de por sí el nombre o la denominación a la que pertenezca no lo hace sagrado. Hoy, al igual que en la antigüedad sigue siendo un símbolo de la presencia de Dios, la diferencia la hacen sus habitantes, los santificados en Cristo Jesús que constituyen la Iglesia de Dios.

El Templo El Calvario aloja a una comunidad, una familia de fe, integrada por manos generosas que durante estos años ofrecieron dinero, esfuerzo, talento, creatividad, trabajo, oraciones, pero sobre todo sacrificio sin esperar nada a cambio con el único interés de erigir casa para Dios como un refugio para que los pecadores encuentren salvación; los enfermos, salud; los desalentados, esperanza y los desorientados, dirección.

Para Dios todo lo mejor como en el tabernáculo o en el templo de Salomón; para Dios todo lo mejor en El Calvario y aquí está como un faro de luz para toda la ciudad.

Dios nos dio la VICTORIA.

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Periodista y presidente del Ministerio de la Pastoral Familiar del Templo el Calvario.

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