LOS RIESGOS DE LA CALLE

LOS RIESGOS DE LA CALLE

Salir a la calle se ha convertido en un riesgo y hasta una osadía, pero es necesario salir por motivos de trabajo, diligencias personales, visitas a familiares y amigos, de paseo o simplemente a caminar.

Porque la calle es un espacio de confrontación social, económica y vivencial.

Sin embargo, salir de la casa crea tensiones porque no se sabe qué  depara el futuro inmediato: el motorista imprudente y peligroso, el delincuente que vive al acecho, el conductor que por un simple roce de vehículos  puede matar, el agente policial que le transmite miedo en vez de seguridad al ciudadano o el rufián ávido de maldad.

Uno de nuestros periódicos designó como ciudadanos molotv (un tipo de bomba incendiaria) a personas que, agobiadas por frustraciones materiales y existenciales explotan en ira y violencia ante conflictos menores.

O bombas de tiempo, gente con conducta inestable socialmente y falto de convivencia pacífica que se están convirtiendo en algo habitual.

La maldad se multiplica, la amabilidad es un raro espécimen, la solidaridad se está perdiendo, el irrespeto a las autoridades es un deporte. ¡Cuánto duele ver con frecuencia a civiles fajados a las trompadas con agentes policiales en plena vía pública! El uniforme no intimida, desafía.

En un caso reciente ni siquiera el espacio sagrado del Palacio de Justicia de Santiago fue respetado por la turba de motoristas que  asesinó al conductor del camión recolector de basura.

No salga a calle sin encomendarse a Dios.  Recitar un verso bíblico no es un oráculo protector ni una fórmula mágica para garantizarnos seguridad, pero tiene su valor y es una expresión de confianza.

Y hay muchos versículos para este ejercicio pràctico, pero le dejo con el Salmo 121:7-8: «Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre».

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