El culto cristiano

¿Qué es el culto cristiano? Si fuéramos a definirlo diríamos que es la reunión de creyentes en Cristo que se juntan para alabar a Dios, exaltar su nombre, cantar, escuchar una predicación bíblica de modo que edifiquen sus vidas espiritualmente.
A veces hay conflictos. Unos quieren un culto más tradicional, otros más contemporáneo con luces, pantallas…Unos con cantos antiguos, otros con temas modernos.
En estos días he estado investigando qué contenía el culto de la iglesia primitiva, cuando los cristianos -que eran judeocristianos- tuvieron que salir de las sinagogas y el templo para irse a las casas a adorar regularmente temprano en la mañana, como apuntó Plinio, gobernador de Bitinia, en una carta dirigida a Trajano: “se reúnen al alba para cantarle a Cristo como Dios”.
Muy pocas fuentes permiten establecerlo con claridad, pero hay datos interesantes. En los primeros 200 años se congregaban en casas de familia, cantaban a capella salmos, himnos y cánticos espirituales, lecturas de la ley, escritos, profetas y cartas de los apóstoles y de Pablo, enseñanzas, cena o ágape y profecía con interpretación.
Así de sencillo: cantos, oraciones, lecturas, santa cena y predicación.
Lo más antiguo que se ha podido conocer es lo que escribió Justino Mártir, apologista griego nacido en el año 100 y muerto decapitado en el 162 o 168: “se leen las memorias de los apóstoles y los escritos de los profetas. Cuando el lector ha terminado el que preside toma la palabra para incitar y exhortar a la imitación de las bellas cosas”.
Es importante tener en cuenta ese origen del culto cristiano, que es la colectividad, no la individualidad, que el culto no es para mi ni para ti, sino para nosotros. El creyente individual tiene su culto con Dios que es su relación con él.
Para terminar, cito al pastor y teólogo Justo L. González: lo importante no es que el culto me guste a mí, o que exprese mis sentimientos, sino que de alguna manera el culto nos recuerde que somos pueblo de Dios. El gran enemigo de nuestro culto hoy no es lo tradicional ni es tampoco lo contemporáneo; no es una clase de música ni otra; no es la tranquila pasividad de unos ni es tampoco el alegre alboroto de otros. El gran enemigo de nuestro culto hoy es el individualismo que nos hace pensar en que si el culto no me satisface no es verdadero culto; que el culto no es a mi gusto, no es verdadero culto, que, si la música no es la mía, el culto tampoco es para mí”.
Abogamos y creemos necesario acercarnos a ese culto de la iglesia primitiva, sin distracciones, sin anuncios, sin elementos que nos quiten la reverencia y la comunión lo que sería un CULTO CRISTIANO INTEGRAL O INTEGRADOR.
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